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martes, 1 de septiembre de 2020

LOS RAMIREZ Y LOS QUIRÓS, EN EL BARRIO


 No sé cómo ni cuándo mi mamá se encontró con mi tío Ramón Ramírez que vivía a dos cuadras de casa. El apellido de ella era Ramírez y Ramón era su primo hermano. Retirado de la Armada era un hombre muy hábil para cualquier cosa que se propusiera, muy inteligente y capaz, armaba artefactos estrafalarios que siempre tenían alguna utilidad. Básicamente era armero y a eso se dedicaba. Tenía muchos amigos sobre todo correntinos como él. Así fue como mis padres se encontraron con   la familia Quirós que vivía a dos cuadras de casa más o menos, frente al negocio de Pelayo y donde terminaba el colectivo entonces.

Don Quirós como le decíamos, también había estado en las fuerzas armadas no recuerdo si era  de la Armada o Gendarmería, había sido amigo de mi papá cuando estaban en Curuzú Cuatiá y creo que habían hecho la conscripción, entonces obligatoria, en el mismo regimiento: El 9 de Caballería. 

Cuando se encontraban pasaban horas recordando anécdotas. Mi papá conocía a la familia Barrientos, que eran familiares de la esposa, Doña Elba. Así que establecidos en este nuevo territorio encontraban en su amistad los lazos que los unían al pago querido.

 Enseguida nuestras familias se hicieron amigas. Tratando de cambiar el barrio y mejorarlo Don Quirós, mi tío Ramón, Don Félix Pinto (papá de Ely mi amiga que ahora vive en Jujuy), y mi papá formaron parte de la comisión directiva de la Sociedad de Fomento que recién empezaba a funcionar. Todos colaboraban cuando había bailes o chori paneadas. Juntos con otros vecinos realizaron el zanjeo que saneó toda la zona que antes era muy inundable. Trabajan gratuitamente por solidaridad. Consiguieron la prolongación del recorrido de colectivos hasta la calle 6, la edificación de la escuela del barrio que entonces estaba ubicada frente a la plaza sobre la calle Solís, hicieron veredas de material para no embarrarse cuando iban a tomar el colectivo para trabajar. Recuerden que la única calle asfaltada con un mejorado para el loteo era la Avenida Sarmiento.

 Las mujeres tenían un ropero infantil para darle abrigo a los más necesitados, y donaban libros y lo que pudieran para beneficiar a los que tenían menos. Todo estaba bien organizado.

Don Quirós tenía una chata y era normal escuchar su silbido estridente que anunciaba su llegada. Todos los chamamés eran silbados y tarareados sin parar mientras manejaba o esperaba en una esquina.

Con sus hijos también nos hicimos amigos, yo recuerdo a la que decían Ñata que, si bien era más grande que yo solíamos charlar juntas, el Ñato otro de sus hijos y Roberto que era casi de nuestra edad, el menor de todos. Muy amigo de mi primo José, también aficionado a la música, se volvió enseguida un integrante más de nuestro grupo. Cuando le permitían venia a jugar un rato con nosotros, a hamacarse y a subir a los árboles.

Mi mamá era la maestra particular del barrio y en casa nos encontrábamos con todos los chicos que venían a aprender a leer y escribir, a dividir o multiplicar, pero también daba un recreo que aprovechábamos para jugar. 

En nuestra infancia vivíamos como adentro de una gran familia. Todas las madres eran nuestras madres y tanto nos agasajaban como nos reprendían si hacíamos algo mal y nos aconsejaban como si fuéramos hijos suyos. Tanto era así que entre nosotros pensábamos que todos éramos parientes y solíamos decir "tía" a cualquiera de las señoras que eran amigas de la familia, por mucho tiempo pensé que los Ramírez y los Quirós éramos parientes.

Luego ellos vendieron la casa y se mudaron a Corrientes, de vez en cuando volví a ver a alguno de ellos, pero ya adultos.

Con el paso del tiempo esa gente y otras conocidas tomaron nuevos rumbos, pero permanecen en el recuerdo de aquella época tan pura y linda que nos tocó vivir.

Copyright ©2020 Nelida Liliana Vieyra

LOS ALBORES DE NUESTRO BARRIO

 

Al principio el mayor problema que teníamos era el transporte público de pasajeros. La Primera de Grand Bourg fue la primer
empresa que comenzó con sus servicios al barrio, pero su recorrido era desde las Estación San Miguel hasta la calle Pampa o Pedro de Mendoza.  Ante los reclamos de los vecinos alargaron el servicio hasta la calle 5 donde actualmente está el negocio de Pelayo, y donde se conserva todavía la garita de colectivo de la antigua terminal. Ahí daban la vuelta los colectivos y volvían a San Miguel.

A medida que el barrio fue creciendo en población también crecieron las necesidades, por eso los vecinos se organizaron formando una Sociedad de Fomento que funcionó sobre Avenida Sarmiento. 

Mi papá durante años fue miembro de la Comisión Directiva que estaba formada por los vecinos.

 Gracias a este emprendimiento se formó una comisión Pro-escuela y se solicitó la creación de la que luego sería la antigua escuela 60, ahora 15.

Se zanjearon más de cien cuadras para evitar que las casas se inunden. (Recuerden que antes había una laguna enorme que comenzaba en el zanjón y se extendía casi hasta 197 y que luego fue entubada). Esto lo hacían los vecinos   los sábados y domingos.  Existía un sentido solidario muy grande. La mayoría de los que vivían en el barrio eran provincianos, gente que dejó sus pagos buscando un mejor pasar.  A todos los unía el deseo de progresar y tener un buen lugar para vivir y disfrutar en familia. Concretaban el sueño de la casa propia, se adueñaban de su destino.

La Sociedad de Fomento era un importante  centro de recreación: se hacían bailes familiares, con músicos en vivo. Otras veces se pasaba cine en una gran pantalla de tela y cada vecino debía concurrir con sus sillas ya que no había suficientes para todos. Se organizaban concursos de disfraces, concursos de tango y folklore. Campeonatos de futbol, de truco y las famosas kermeses para recaudar fondos. 

Así nos conocíamos todos, y la gente se ayudaba buscando el bien común. De esa escuela nosotros fuimos aprendiendo basándonos  el ejemplo de nuestros mayores.

Copyright ©2020 Nelida Liliana Vieyra


LA CASA DE TIA LOLA

A una cuadra de la plaza principal y a media cuadra de la iglesia, estaba la casa de tía Lola. Se entraba por una puerta de madera labrada e...